<b>CARRETA    DE    LETRAAAASSS</b>

A veces pensar te lleva a escribir; tarea compleja y exige que se tenga disciplina y respeto por los lectores. Sé que tengo errores, pero me exhibo para desarrollar esta habilidad. Ojalá que las críticas sean constructivas y de antemano agradezco su atención al leer estos pensamientos en construcción.

1 ene. 2010

Carta para una esposa

Cada mañana despierto pensando en ti. Me agrada tu sonrisa que desborda felicidad y me enamora la dulzura de tu rostro. Con estos ánimos me levanto de la cama y es que en cada amanecer las cosas –fuera del hogar- se ven venir de formas distintas, son a veces muy difíciles y otras entramadas. Pero tú, siempre entregas el mejor de tus mensajes e intuyes y preparas la ropa para mi vestir; te esmeras en el desayuno; previendo que quizás no tenga oportunidad de comer durante el día. Luego con tu mohín de audacia cuidas mi aseo personal; el lustre del calzado; los dientes y la corbata. Y ya para salir, llego a la puerta y a un paso de abrir. Corres y te prendes con tus brazos y me enamoras cándidamente con el néctar de tus labios. Encantado de tus gracias enciendo el auto. Mientras tu mano sincera –dice- adiós…hasta luego…que tengas un hermoso día…luego tus ojos negros se estiran en una ráfaga de un te amo…deslizo el auto y me despido.
El jardín, el portón, la calle y algunos perros voy observando mientras por el retrovisor pierdo tu mirada. Enciendo la radio y presto atención al volante. Ya en carretera el tránsito desvía mi atención y te pierdo en mi pensamiento. Llegar al trabajo es toda una odisea en la era moderna; a veces empiezo el trajín con el uso de habilidades comunicativas y de civilidad. A veces práctico la solidaridad con los demás compañeros del volante; evito las malas palabras que de vez en cuando florecen en mi jardín ingrato. Reconozco que trato de enterrarlas, pero son como la hierba parásita comiendo en mi subconsciente. Pido disculpas pero ya es tarde. Su uso envilece por momentos mi alma, aunque es práctica común en este mar de motores. Hace trizas mi yo. Te platico esto porque espero que intercedas e implores absolución en tus oraciones con el creador. Quiero dejar de ser ordinario y evitar la confrontación.                                 
Por fin el último semáforo deja que entre a las instalaciones de las oficinas centrales; busco el mejor lugar para aparcar el auto. Luego inicio el ascenso por las escalinatas del edificio que es mi segundo hogar. Abro la puerta de la oficina y lo primero que miro es tu retrato cuya mirada de fuerza contagia mis adentros y con ahínco inicio las tareas de la mañana del mediodía y de la tarde. No sé que arte genera que las horas se reducen y pronto alisto el portafolio para el regreso a casa. En ocasiones se presentan retardos, a veces nocturnos y sé que en casa inquieta te encuentras. Procuro llamar en la menor oportunidad y al topar con tu voz otra vez me consientes. Mientras arreglo los asuntos. Sonrió, pues pronto llegaré a casa y disfrutar con los niños y contigo la merienda que preparaste; ocasionalmente la tarea escolar de nuestros traviesos y luego algún programa de televisión. Mientras ellos deciden ir a dormir te observo perspicaz, y atrevido busco el preámbulo de estar a solas nuevamente contigo.
Sin embargo está primavera he sentido cansado el cuerpo y me pregunto si mi salud ha entrado a su destemplanza natural de los años. No me inquieta del todo pues sé que tú estarás a mi lado. Lo que me preocupa es no saber si estás preparada para caminar sin mí. Aunque dicen que nadie es indispensable. Creo que tu eres mi complemento y por eso quiero agradecerte en estas líneas cada instante que vives a mi lado, cada amanecer; cada puesta de sol en el corredor de la casa; aquella lectura compartida; aquellos viajes que realicé contigo, tu libro de versos, tú hermosa silueta sobre la arena del mar; tu arte de cocinar y extrañar el sazón de tus platillos en mi paladar cuando me encuentro lejos; tus preguntas; tu aprobación en los negocios del hogar; el lloro ante la película romántica y tú asida a mis dedos; la noche y las estrellas; aquel extraño placer por el chisme familiar –perdón nadie es perfecto-: el aseo de la casa; el jardín de flores y ese momento tuyo de charlar con ellas; la compra desmedida por enseres para tu cocina; tu aburrimiento de mis francachelas, tu rígida autoridad para nuestros hijos; el festejo de los cumpleaños; tu cita semestral en la tumba de tu padre…la lista es interminable y es que mil cosas pasamos juntos. Sé que tú tendrás un arsenal de recuerdos porque la gloria de ser mujer te permite ser más receptiva. Gracias amor. No sé cuando te entregue esto, pero sino lo hago, espero que hurgues entre mis cosas. Aunque siempre respetamos algunas incógnitas y quizás sea el mejor valor que te reconozco pues me enseñaste a respetar los secretos propios, no por indignos sino como la práctica de la confianza mutua. Sí un día no regreso y flores vistan mi aposento. Te encargo a nuestros hijos, ellos serán la fuerza de tus sentimientos. Y si preguntan por la finalidad de la familia. Diles que es la fortaleza de la vida. Diles que la familia es el soporte para buscar la felicidad día a día. Que si alguien se adelanta a la eternidad. Éste vivirá en el corazón para siempre. La familia es la seguridad de iniciar el tejido de otras relaciones familiares. Quisiera que por siempre se encuentre escondida esta carta. Pero, por si acaso y sólo por si acaso amada esposa, pido a Dios que te bendiga y yo te reitero mi total agradecimiento y amor eterno. Sinceramente. Tu esposo y compañero…tú amigo por siempre.

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